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Los Consejos Técnicos Escolares. 

¿viejos discursos en nuevos contextos?

 

 

Por: Baltazar Contreras Durán  -  baltita13@gmail.com

 

 

Licenciado en Educación Secundaria. Escuela Normal Superior Oficial de Guanajuato.

           La editorial del número anterior de esta revista  mencionaba que en este nuevo ciclo escolar, 2013-2014, se ha puesto en marcha una nueva organización escolar a través de los Consejos Técnicos Escolares (CTE). Dicho comentario, es el detonador del siguiente análisis sobre los mismos.

Primeramente, es importante señalar que todo trabajo docente requiere de una constante preparación y actualización cuando se tiene la firme intención de servir a la educación; pero además de toda esta labor, necesita llevar un orden y una sistematización para que pueda funcionar alcanzando mejores resultados en lo que se ha propuesto.

 

En este sentido, a nivel internacional se pretende lograr, lo que se ha denominado como “Educación de calidad”, motivo por el cual las autoridades educativas han puesto como centro de la transformación tanto los procesos que suceden al interior del aula, como la organización escolar. Además de ello, hay que tener en cuenta que México es un país miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, 2010), motivo por el que ha tenido que transformar y modificar sus políticas educativas, aunque en los discursos las autoridades mencionen lo contrario.

 

Como consecuencia de lo mencionado, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha implementado en Educación Básica los Consejos Técnicos Escolares (CTE) para este ciclo escolar 2013- 2014. Esta idea de los CTE, no es reciente ni mucho menos innovadora en la educación de nuestro país, pero según el discurso de Chuayffet (2013, 6), actual Secretario de Educación en México: “una realidad es cierta: hay que hacerlos y llevarlos a cabo, situación que no sucede o no sucedía en nuestro sistema educativo”, entonces, surge la ineludible pregunta ¿Qué novedad aportan los CTE? Para responderla, es necesario conocer, grosso modo, la historia de los mismos.

 

En 1990, la “Declaración Mundial sobre Educación para todos”, reconoció a nivel internacional la urgencia y necesidad de mejorar la educación básica, con la intención de ayudar a solventar las necesidades básicas de aprendizaje de todos los estudiantes. Aunado a ello, surge en el ámbito educativo una nueva noción que hasta ese momento solamente había pertenecido al sector empresarial: la calidad.

 

En ese mismo año, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) estableció conco indicadores, como referentes, para que todos los países participantes consideraran la educación con calidad, éstos eran: relevancia, eficiencia, equidad, eficacia e impacto. Fue ahí donde todos los países firmantes en la Declaración Mundial sobre Educación para Todos, establecieron como “condición indispensable para lograrlo”, el desarrollo de políticas de apoyo en cada nación.

 

A raíz ello, se comenzó a impulsar y promover todo tipo de cambios en la organización de los sistemas educativos, con el objetivo de mejorar la calidad educativa, aspecto que llevó la incorporación de dichos referentes en sus políticas de educación (UNESCO, 1990).

 

Ante ello, se firmó en México el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (Diario Oficial de la Federación, 1992) y se reformó el Artículo Tercero Constitucional. Con ello, se llevó a cabo un planteamiento de reforma a la educación, donde se identificaron como condicionantes para el mejoramiento de la misma: “tener claridad de objetivos, el reconocimiento de los problemas educativos, el trabajo en equipo, el liderazgo académico del director, la inclusión de los padres y madres de familia en el proceso educativo y el establecimiento de la planeación y evaluación institucional como herramientas para la organización del trabajo” (Schmelkes, 1992, p. 45).

 

Dos años más tarde, el Centro de Estudios Educativos A.C. (CEE), publicó su definición de calidad de la educación, en donde destacó cuatro indicadores: equidad, relevancia, eficacia y eficiencia. En razón de ello, en nuestro país se entendió que para ofrecer educación de calidad, el sistema educativo debería ser equitativo al brindar oportunidades de acceso, permanencia y posibilidades de egreso en el tiempo estipulado para ello (CEE, 1994).

 

Entonces se hablaba de que habría calidad si la educación era relevante, es decir, si atendía las necesidades básicas de aprendizaje, si los conocimientos que se adquirían ayudaban a las personas a resolver problemas a los que se enfrentaban en su vida cotidiana. Se consideraba calidad si era eficaz o efectiva en cuanto a que se lograban todos los objetivos planteados, y se decía que “habría calidad”, si el sistema era eficiente en razón de optimizar el uso de los recursos para obtener más con la menor inversión posible.

 

Con esos prolegómenos, y tomando en cuenta la publicación de la noción de calidad educativa por el CEE en 1994, se inició un proceso de reforma y reorientación a las políticas educativas mexicanas, a fin de fortalecer cada uno de los indicadores señalados y poder ofertar así una educación de mayor calidad.

 

En estas condiciones, era de suponerse que se generaría una visión más amplia de la educación que no sólo se reducía a las prácticas dentro del aula, sino que se reconocieron diversos factores que incidían de forma directa e indirecta en los procesos áulicos, pero además, se reconoció la importancia del liderazgo del director y del trabajo colegiado entre docentes, aspectos hasta entonces irrelevantes para la educación. Todo ello, a fin de contribuir al desarrollo armónico de todas las facultades del ser humano, según lo establecido en el Artículo Tercero Constitucional (SEP, 1992).

 

Posteriormente, en el ciclo escolar 1997-1998, por vez primera en el calendario escolar se plasmaba y se reconocía que era necesario un espacio para el trabajo colaborativo entre los maestros y, para ello, se implementaron los Talleres Generales de Actualización. Fueron las primeras experiencias de capacitación que dejaron mucho qué desear y se empezó a establecer un proceso de construcción, pero para el año 2000, aunque ya se había implementado la reforma en el aspecto curricular en cuanto a la organización escolar y el trabajo de los docentes, los directivos seguían realizando actividades más administrativas y de mejoramiento de infraestructura, dejando de lado actividades académicas, mientras los Consejos Técnicos existían como una estructura para ocuparse de cuestiones de tipo cívico-sociales y de financiamiento de recursos escolares (León, 2005).

 

En el 2009-2010, se cambia dicha modalidad y se establece un Curso Básico de tres sesiones, luego para los siguientes ciclos escolares pasó a ser de cinco sesiones previas al inicio del ciclo escolar. Ahora, en el actual calendario escolar 2013-2014, deja de ser un espacio pensado desde la federación, y pasa a ser un espacio para la escuela, para su organización. Es un cambio de enfoque muy importante, pues no sólo se trata de “cambiar el nombre” como afirman muchos docentes, sino que es un cambio de concepción. Es la idea de que quien entiende y conoce mejor los problemas de una escuela es la comunidad de la escuela.

 

En este sentido, la SEP (2013a, p.2) ha definido los CTE como “el colegiado integrado por el director y la totalidad del personal docente de cada escuela encargados de planear y ejecutar decisiones comunes dirigidas a que el centro escolar, de manera unificada, se enfoque a cumplir satisfactoriamente su misión”.

 

Estos CTE tienen la misión de asegurar la eficacia del servicio educativo que se presta en la escuela; es decir, que dé los resultados que tiene que dar, y que cumpla con su tarea: que los niños aprendan. Además, el CTE tiene 3 propósitos: a) Revisar el logro de aprendizaje de los alumnos. Ante ello, no tiene que existir una sesión en donde no se revisen los resultados de la escuela. b) Planear, dar seguimiento y evaluar las acciones de la escuela, dado que no se tiene una planeación a la cual se le dé seguimiento y, c) Fomentar el desarrollo profesional de los maestros y directivos, pues se debe saber que la discusión profesional entre docentes es la que se da sobre aspectos muy concretos, tratando asuntos particulares de los alumnos (SEP, 2013b).

Con base en las ideas señaladas, se puede concluir que los CTE no son una idea reciente, ni mucho menos innovadora en el sistema educativo mexicano. Quizá, la modificación y actualización que se ha hecho a la concepción del mismo, permita mejorar el trabajo colectivo de las escuelas y, de alguna manera, lograr la educación de calidad que tanto se desea en el país desde hace algunos años. Pero eso no se sabrá, hasta ver los resultados de las acciones presentes.

Finalmente, es necesario que los CTE sean verdaderos espacios de intercambio de experiencias entre docentes, y ayuden a pensarse como escuela y a pensarse como colectivo; es decir, que se conviertan en la autoridad técnica más importante de cada plantel, o de lo contrario, sólo será “traer viejos discursos a nuevos contextos”, como afirman muchos maestros.

 

Referencias

CEE (1994). Investigaciones del CEE sobre la calidad de la educación básica. Revista latinoamericana de estudios educativos, 24 (1-2), 5- 11. Recuperado agosto, 19, 2013 de http://www.cee.iteso.mx/BE/RevistaCEE/t_1994_1-2_01.pdf

Chuayffet, E. (2013). Discurso del Secretario de Educación Pública, Lic. Emilio Chuayffet Chemor, en la ceremonia de inauguración del Taller Nacional de Supervisores Escolares de Educación Básica. Nuevo León, Monterrey. Junio. Recuperado Agosto, 10, 2013 de http://www.sep.gob.mx/es/sep1/D130613#.UhlivtLdcrU.

Diario Oficial de la Federación (1992). Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica. México: Diario Oficial de la Federación. Recuperado agosto, 19, 2013 de http://www.sep.gob.mx/work/models/sep1/Resource/b490561c-5c33-4254-ad1c-aad33765928a/07104.pdf

León, A. D. (2005). El trabajo colegiado en las escuelas de educación básica. Revista Educare, I (2), 19- 21. Recuperado agosto, 20, 2013 de http://basica.sep.gob.mx/dgdgie/cva/sitio/pdf/educare/educare2web.pdf

OCDE (2010). Acuerdo de cooperación México- OCDE para mejorar la calidad de la educación de las escuelas mexicanas. Resúmenes ejecutivos. Recuperado agosto, 14, 2013 de http://www.oecd.org/edu/school/46216786.pdf

Schmelkes, S. (1992). Hacia una mejor calidad de nuestras escuelas. Distrito Federal, México: SEP.

SEP (1992). Artículo 3º Constitucional y Ley General de Educación. México: SEP.

SEP (2013a). El consejo Técnico Escolar: una ocasión para la mejora de la escuela y el desarrollo profesional docente. Educación Básica. México: SEP.

SEP (2013b). Lineamientos para la organización y el funcionamiento de los Consejos Técnicos Escolares. Educación Básica. México: SEP.

UNESCO (1990). Declaración mundial sobre educación para todos. Recuperado agosto, 15, 2013 de http://www.oei.es/efa2000jomtien.htm

 

 

 

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